viernes, 21 de noviembre de 2008

Neruda de nuevo: Poetas de la India, Música? & Tesoros Usurpados

Y continúo embobada con el libro de Pablo Neruda, "Confieso que he vivido", donde el poeta nos narra sus memorias. Cada página es un pequeño tesoro de poesía en prosa, y el libro está impregnado de humor, ternura, melancolía, así como de interesantes relatos de los viajes del poeta por tierras exóticas, en un marco histórico de gran interés.

Estoy compartiendo los años que pasó Neruda en el Extremo Oriente, cuando el poeta, con veintipocos años y en los años veinte del siglo pasado, fue enviado por el gobierno de Chile a hacerles de cónsul en países remotos y extraños (y posiblemente a países donde en aquella época no querían ir los altos funcionarios ni los diplomáticos), a lo que él se ofreció encantado, llevado por sus ansias de aventura y de conocer mundo.

Estoy disfrutando especialmente las páginas que relatan esta etapa de su vida, supongo que llevada por mis propias experiencias, los tantos años que viví y viajé por diferentes países de Asia y el cariño y apego que le tengo a ese continente tan apasionante, y en cierta manera, embriagador.

Leía con una sonrisa en la boca y a la vez cierta tristeza, los relatos y comentarios que Neruda nos ofrece durante su paso por países que en la época pertenecían a las colonias o al "empire" británico. Tristeza, por la actitud típicamente colonial, despreciativa y déspota de los británicos de la época hacia los países y gentes que ócupaban. Y la sonrisa... bueno, porque aunque Neruda nos habla de una época pasada, muchas de sus observaciones o las situaciones que describe no dejan de resultarme "familiares". Experiencias vividas y personajes encontrados (británicos y de otras nacionalidades occidentales) en mis 14 o 15 años en Asia merecerían similares observaciones.

Como mi blog va de tres en tres, aquí he escogido tres secciones del libro, donde Neruda observa, comenta o simplemente arrebata contra los ingleses colonizadores perdidos por la Asia de esa época:

1. En Bombay, India, Neruda conoce a jóvenes poetas rebeldes, y nos dice:

"Muchos de estos jóvenes poetas que encontré a todo lo largo de la India, y cuyas miradas sombrías no podré olvidar, acababan de salir de la cárcel, iban a regresar a sus muros tal vez mañana. Porque ellos pretendían sublevarse contra la miseria y contra los dioses. Ésta es la época que nos ha tocado vivir. Y éste es el siglo de oro de la poesía universal. Mientras los nuevos cánticos son perseguidos, un millón de hombres duerme noche a noche junto al camino, en las afueras de Bombay. Duermen, nacen y mueren. No hay casas, ni pan, ni medicinas. En tales condiciones ha dejado su imperio colonial la civilizada, orgullosa Inglaterra. Se ha despedido de sus antiguos súbditos sin dejarles escuelas, ni industrias, ni viviendas, ni hospitales, sino prisiones y montañas de botellas de whisky vacías."

2. En el Colombo de la entonces Ceilán (desde 1972, Sri Lanka), Neruda llega tarde a una cena de gala de diplomáticos, con los ingleses de anfitriones. Su demora simplemente es debida a que, por el camino, se detuvo embelesado a escuchar el canto de una mujer, acompañada por un grupo de músicos, en una calle oscura de los suburbios de Colombo...:

"Mucho tiempo continué allí, estático bajo el sortilegio de los tambores y la fascinación de aquella voz, y luego continué mi camino, borracho por el enigma de un sentimiento indescifrable, de un ritmo cuyo misterio salía de toda la tierra. Una tierra sonora, envuelta en sombra y aroma.
Los ingleses ya estaban sentados a la mesa, vestidos de negro y blanco.
- Perdónenme. En el camino me detuve a oír música - les dije.
Ellos, que habían vivido veinticinco años en Ceilán, se sorprendieron elegantemente. Música? Tenían música los nativos? Ellos no lo sabían. Era la primera noticia.
Esta terrible separación de los colonizadores ingleses con el vasto mundo asiático nunca tuvo término. Y siempre significó un aislamiento antihumano, un desconocimiento total de los valores y la vida de aquella gente."

3. También en Colombo, Neruda conoce a un señor polaco llamado Winzer. Su profesión, bajo el título de "conservador del tesoro cultural y arqueológico", era ayudar al gobierno británico a descubrir e identificar tesoros artísticos y arqueológicos. Así lo cuenta mucho mejor Pablo Neruda:

"Las excavaciones habían sacado a la luz dos antiguas ciudades magníficas que la selva se había tragado: Anuradapura y Polonaruwa. Columnas y corredores brillaron de nuevo bajo el esplendor del sol cingalés. Naturalmente, todo aquello que era transportabl partía bien embalado hacia el British Museum de Londres.
Mi amigo Winzer no lo hacía mal. Llegaba a los remotos monasterios y, con gran complacencia de los monjes budistas, trasladaba a la camioneta oficial las portentosas esculturas de piedra milenaria que concluirían su destino en los museos de Inglaterra. Había que ver la cara de satisfacción de los monjes vestidos color de azafrán cuando Winzer les dejaba, en sustitución de sus antigüedades, unas pintarrajeadas figuras budistas de celuloide japonés. Las miraban con reverencia y las depositaban en los mismos altares donde habían sonreído por varios siglos las estatuas de jaspe y granito.
Mi amigo Winzer era un excelente producto del imperio, es decir, un elegante sinvergüenza."

1 comentario:

  1. Hola Susana! También disfruté de "Confieso que he vivido" de Neruda. Como dices, está lleno de melancolía, ternura, humor y exotismo. Cuando visité Birmania, recordé que él había sido cónsul en Rangún.
    También soy de Barcelona. ¿Tú estás ahora en Malaysia?
    Gracias por tus palabras aquí y por tu visita. Un abrazo.

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