martes, 14 de octubre de 2008

Palillos Chinos Artesanos, Aves Rapaces y Barrancos

Ya sabéis que mi suegro Colin y su amiga Susan están pasando unos días con nosotros. La semana pasada nos fuimos de excursión tres días con ellos a la zona del Pre-Pirineo Aragonés, en un parque natural llamado Cañones y Sierra de Guara. Yo la verdad es que nunca había oído de esa zona, hasta hace unos meses, cuando una amiga de Julián nos puso en contacto con una chica que vive en esta Sierra y con la que me escribí varios mails y me habló de lo bonito que es el paisaje y lo contenta que están ella y su marido e hija de vivir aquí.


Pues hacia la Sierra de Guara nos fuimos los cuatro! Aparte de pasarlo bomba y ver lugares preciosos (ahora os cuento), también celebramos el cumpleaños de Sebastian allí. Colin recogió unas ramitas de olivo del campo y las talló en forma de palillos chinos como regalo de cumpleaños para Sebastian. Fue un regalo de lo más artesano y una buena combinación sino-mediterránea, un poco como lo somos Sebastian y yo! Fue un gran detalle además de un regalo especial y original, y Sebastian está encantado y tiene los palillos al lado de la cama y los observa detenidamente cada noche!


En la Sierra de Guara nos hospedamos en un hotel rural en un pueblo llamado Bierge. El hotel fue una pequeña joya que encontramos en el Internet, y que lo llevan dos hermanas muy simpáticas, y con un padre de lo más hospitalario y conversador. Dormimos y comimos muy bien allí, y el pueblo es muy bonito y tranquilo, con una bonita iglesia en la cima de una pequeña colina, rodeada de campos de olivos y almendros, y las Sierras de Guara en el fondo del paisaje.

En Bierge pudimos pasear por un camino muy bonito bordeando un gran barranco, y también visitamos la Ermita de San Fructuoso en el pueblo, con unas impresionantes pinturas murales de los siglos XIII y XIV.

Pero la visita estrella fue el día que pasamos en Alquézar, un pueblo medieval situado no muy lejos de Bierge. El pueblo ya de por sí es impresionante, con un enorme monasterio construído al borde de un enorme barranco, que en sus orígenes fue una fortaleza musulmana de lo que era en esa época una ciudad Islámica llamada Al-Qsar.


Mientras Colin y Susan disfrutaban de unas tapitas en una terraza, Seb y yo nos compramos una barra de pan, un poco de chorizo ibérico y unas latas de Fanta, que disfrutamos sentados al lado del monasterio, y en un mirador al borde del barranco. Entonces descubrimos que había un camino que bajaba por el barranco, y después de comernos nuestro bocadillo de chorizo improvisado, bajamos por el camino a "investigar".

El camino resultó ser como descubrir un tesoro oculto: puentes y senderos de madera combinados con escalones de piedras se adentraban en el barranco, con el monasterio y sus torreones imponiéndose por encima nuestro, y el sonido del río al final del barranco haciéndose poco a poco más cercano.

Cuando al final llegamos abajo de todo de ese enorme barranco, descubrimos una maravillosa cueva, por donde se adentraba despacio el río, y al seguir el cauce el río, atravesando unas pasarelas elevadas construídas bordeando la piedra del barranco, llegamos a un embalse de agua, con unas cascadas de agua fresca preciosas.

El sol brillaba con fuerza y la caminata nos hizo entrar en calor. Cuando vimos esa agua fresca y cristalina, los dos pensamos lo mismo: vamos a bañarnos! Sebastian fue el valiente de meterse primero, pero sólo meter las piernas, el agua estaba tan fría que hasta se le entumecieron y fue incapaz de meterse del todo... eso sí, aguantó lo suficiente para inmortalizar el momento en una memorable foto!


Pues sí, la caminata por el barranco fue increíble, con unas vistas maravillosas, un río precioso y un ascenso de vuelta a Alquézar por el otro lado del Monasterio, disfrutando de la vegetación, del agua, del olor a hierbas y del milagroso paisaje.



Ya de vuelta en Alquézar, dimos un último paseo con Susan y Colin, subiendo a la colina justo enfrente del pueblo. Una vez arriba pudimos disfrutar de unas maravillosas vistas del pueblo medieval, de todo el Valle de Guara, y al fondo en el horizonte, de los picos nevados de los Pirineos.

Durante nuestro último día en Bierge, tuvimos la gran suerte de ver en vivo, y bien de cerca, un montón de aves rapaces. Cerca del hotel, paseamos por unos caminos que llevan a un comedero de pájaros, donde voluntarios alimentan a las aves rapaces, y muy cerca nuestro, vimos a unos enormes buitres leonados descansando en lo alto de un árbol (en la foto de abajo los veréis, aunque me salió algo borrosa!). En la distancia vimos muchos más, hasta unos buitres jóvenes que descansaban en medio de unos campos.

Jamás había visto a unas aves tan enormes tan de cerca, en su hábitat natural. Me impresionó mucho, y hasta me asustaron un poco, ya que los buitres son aves de apariencia algo tenebrosa.

Cerca de Bierge, visitamos otro pueblo donde hay un pequeño observatorio de pájaros. Habíamos visto muchos buitres y otras aves rapaces durante esos días, pero el ave que Colin se moría de ganas de ver era al llamado Quebrantahuesos, un ave medio águila, medio buitre, y única ave rapaz que aprovecha hasta los huesos de sus presas, y los lanza desde las alturas para romperlos y poderse comer la sustancia nutriente del interior.

Después de esperar mucho y cuando ya estábamos a punto de rendirnos, Sebastian vio en la distancia a un ave volando hacia nosotros... y ahí estaba, un quebrantahuesos, acercándose a nosotros! Y después otro! Los vimos perfectamente bien, y con los prismáticos pudimos observar todos los detalles!

Ver a un par de quebrantahuesos fue la guinda de un delicioso pastel de preciosos paseos, buenas comidas, espectaculares paisajes, palillos chinos artesanos, barrancos y ríos, buitres expectantes, celebraciones de cumpleaños... fueron unos días excepcionales.


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