domingo, 30 de septiembre de 2007

Borradores del Pasado

Escrito el 27 de Diciembre de 1993, Victoria Coach Station, Londres

"Ella miraba hacia fuera, sentada en el comedor universitario, frío, impersonal. Estaba sola. Se sentía sola. El murmullo de la gente la aturdía. Se sentía extraña. Una y otra vez se preguntaba qué hacía en aquel lugar, qué sentido tenía todo aquello, qué iba a ser de su vida. Preguntas y más preguntas, y casi todas sin respuesta. Echaba la vista atrás, hacia su propio pasado, quería revivir su propia historia, seguir paso a paso su camino recorrido y volver al punto donde se encontraba. Era curioso como todo lo vivido le parecía tan lejano, tan distante, incluso aquel preciso instante. Cada segundo que pasaba, ya formaba parte de su pasado...

Tenía esa tendencia a sentarse junto a la ventana, mirar hacia fuera y dejar brotar sus pensamientos. Los días pasaban de prisa y todavía se sentía ajena a aquel entorno. Millones de sentimientos se revolvían mezclándose en su interior, su mente ardía, seguía mirando hacia fuera, el bullicio continuaba a sus espaldas. Los sentimientos la aplacaban: temor, angustia y una profunda sensación de soledad. No era desgraciada, pero se cuestionaba eternamente qué significaba la felicidad.

Era feliz con las cosas simples, quizás porque era una persona simple o quizás (y más probablemente) porque su vida había siempre transcurrido de la forma más normal, más simple, sin extravagancias ni grandes peculiaridades. Fue cuando su vida se convirtió en más interesante que sus sentimientos se volvieron más complejos. Era una muchacha risueña, desde niña, una "persona feliz" por definición, es decir, éso era lo que los demás decían de ella. Divertida y afable, aunque a veces demasiado tímida. Apasionada en todo, lo bueno y lo malo. Terriblemente perezosa. Muchacha de extremos: increíblemete eufórica o fatalmente pesimista. Pero lo que más la caracterizaba era una sensibilidad extrema ante todo lo que le pasaba a su alrededor, una gran preocupación por lo ajeno; miraba tanto hacia fuera con su corazón, que a veces no dejaba espacio para ella misma. Esta sensibilidad suya provocaba reacciones de lo más dispares entre la gente que se cruzaba con ella: alcanzaba los corazones más duros e inexorables, pero también acababa con las paciencias más santas. Pero, la mayoría de las veces, su presencia en las vidas ajenas no pasaba inadvertida, y las personas que la conocían bien, la llegaban a querer."

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