martes, 26 de junio de 2007

Papa & Mama

La semana pasada tuve la suerte de poder pasar unos días con mi madre en Manchester (podéis ver un resumen de las cosas que hicimos en mi otro blog Tres Cosas Hermosas). En principio tenía planeado ir a Barcelona unos días antes de ir a Manchester por trabajo, pero circunstancias impidieron que pudiera viajar a Barcelona. No quería perder la oportunidad de estar en Europa y no poder ver a mi madre, así que la convencí para que se viniera a Manchester a verme... me costó pero al final se animó a venir.

Aunque fueron solamente tres días (y durante el día yo estaba trabajando), la verdad es que, además de pasarlo muy bien, fueron unas horas que pasamos juntas que me fueron muy bien, y creo que a ella también.

Desde que mi padre nos dejó en Agosto, la verdad es que no había tenido la oportunidad de pasar un tiempo con mi madre a solas, ya que en todos los viajes a Barcelona, siempre ando liada con familia y amigos. Estos días nos dieron la oportunidad de estar a solas, de charlar y de desconectar de los estreses, las preocupaciones y de las penas. Fue una gran terapia, una terapia de esas que cuando la vives no te das cuenta, pero que cuando ha pasado y piensas en esos momentos, te das cuenta de lo que te han ayudado.

Hablamos de muchas cosas, y compartimos momentos también con mis amigos en Manchester. Y también hablamos de mi padre. Es difícil hablar de una persona que ya no está, especialmente cuando todavía estás intentando entender o asimilar esa ausencia, esa pérdida. Pero hablar ayuda, y lo bonito (y triste a la vez) es que incluso en la ausencia, siempre puedes descubrir cosas nuevas sobre esa persona a la que creías que conocías tan bien, pero que sin embargo, hay tantas facetas que descubrir.

Por ejemplo... no sabía que mi padre se llamaba Teodoro Sebastián. Siempre pensé que se llamaba simplemente Teodoro. Pues resulta que tanto él como mi madre descubrieron que tenía un segundo nombre en años recientes, y mi madre le bromeaba con que Sebastián es un nombre muy aristocrático.

Tampoco sabía que mi padre tenía pasión por la música y siempre quiso aprender a tocar el piano, desde pequeño. A su familia le faltaban los medios para ayudarle, pero parece ser que alguien le regaló un piano para que se cumpliera su sueño. La tristeza y la ironía de la vida es que aunque al final consiguió un piano, sus padres no tenían el dinero para que una empresa de mudanzas se lo subieran a casa por la ventana (no cabía por las escaleras), así que al final se quedó con las ganas. Parece ser que siempre se sintió muy frustrado por no haber podido aprender música. La historia me conmovió mucho.

También recordamos momentos divertidos, como cuando mi padre les habalaba italiano (inventado) a los taxistas en Taipei, o momentos del viaje a Malasia. O el hecho de que siempre decía que yo soy una mandona...

Es difícil asimilar la ausencia de un ser querido, y supongo que no se acaba de asimilar del todo. Almenos nos quedan los buenos recuerdos y el consuelo de poder hablar de esos buenos recuerdos, o descubrir cosas nuevas sobre la persona que ya no está. Me consuela saber que tanto mi madre como mi hermano también sueñan com mi padre de vez en cuando, como yo. Gracias mama por estos días de compañía y de terapia...

1 comentario:

  1. Hola, Su!!! la verdad que si, que debe ser algo muy duro perder a alguien tan cercano y, además, en muchos casos tener que vivir eso en la distancia.Supongo que estar con tu madre os ayuda a las dos, que ella habrá perdido su mitad....pero ambas sois fuertes y sabeis mirar para delante y poner al mal tiempo buena cara....Yo tambien tengo ganas de verte....Besos muy gordos!!!Chelo

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